De San Nicolás a Romang, por los caminos de la memoria y los abrazos

- Acá le erraron - dijo el vecino que se acercó, incrédulo, hasta el minibus atravesado en la calle y embarrado hasta la altura de las ventanillas. Rápidamente movilizó sus contactos barriales para conseguir un tractor que sacara a los extranjeros del pantano. Los rostros poco familiares y el desconocimiento del estado de los caminos de tierra después del chaparrón delataban su condición de foráneos.

El minibus estancado intentaba emprender el regreso a San Nicolás. Desde allí había partido, tres días atrás, con destino a Romang, en el norte de Santa Fe. Traía unos quince nicoleños, de todas las edades, a compartir con otros tantos santafesinos el 2º Campamento por la Memoria. Cansados, pero felices, retornaban a sus hogares, temprano, en la mañana de un lunes feriado, después de haber cargado los termos de agua caliente y pasado por la panadería del pueblo a comprar las correspondientes facturas y bizcochos. Movilizados por el deseo de harinas y azúcares fue que se empantanaron.




Habían llegado el viernes al mediodía a Romang, junto a una combi que traía a los compañeros de Rosario. Encararon directamente rumbo al camping, al final de la Avenida San Martín y a la orilla del río San Javier. Tomando mates bajo el sauce los esperaban los anfitriones: familiares y amigos de María Cristina y Raquel Alvira, hermanas, romanenses y desaparecidas en mayo de 1977 en la ciudad de San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires. Estaban también los de la segunda y tercera generación, los amigos de amigos, los vecinos, la JP Romang. Más tarde se sumarían los familires de Raúl Elías, también romanense, secuestrado en Córdoba un año antes.

Llegaban para recordarlos, homenajearlos y celebrar haberse encontrado, haberse conocido y haberse cruzado caminos y abrazos. 

Mientras estiraban las piernas después de las seis o siete horas de viaje, colgaron entre los árboles la bandera de las Madres. Después almorzaron, brindaron, compartieron historias, se descalzaron para jugar al voley y al fútbol en la arena, se emocionaron, escucharon versos y personajes cantados por grandes músicos, destaparon cervezas, bailaron cumbias y regresaron, exhaustos, a la bolsa de dormir y al colchón en el piso.

El programa del campamento era nutrido. Al día siguiente, temprano, se reunieron en la plaza del pueblo para salir de excursión a Guadalupe Norte, a visitar Naturaleza Viva, una granja ecológica. Allí los esperaban sus motores: Remo Vénica e Irmina Kleiner, dos militantes que, en los 70, escaparon de la represión atravesando los montes norteños, aprendiendo a vivir de la tierra, y a parir hijos y sueños en los cañaverales.

La producción de Naturaleza Viva es asombrosa: todo crece sin agroquímicos, todo se recicla, todo vuelve a producir en un circuito cuidadosamente pensado estudiando los ciclos de la vida y el cosmos. Así lo relató Remo mientras acompañaba al grupo a recorrer la quinta, la pileta para piscicultura, el tambo y la quesería, las casas con techo vivo. A la sombra de las cañas, Remo y los visitantes se refrescaron con jugo de rosellas y pomelo, también de producción agroecológica, y recordaron los años de la pareja en el monte, transportando una pequeña imprenta junto a los compañeros, "para hacer llegar mensajes a los campesinos santefesinos y chaqueños".

De vuelta en Romang, a eso de las 8, se reunieron en la plaza junto a los vecinos del pueblo para descubrir una placa en memoria de los romanenses secuestrados y desaparecidos por la dictadura cívico - militar (y clerical, según agrega Tati Almeida). Hubo palabras del Cholo Budassi (de la Mesa de la Memoria de San Nicolás), de Anabel Longinotti (docente de la Escuela Media 7 de San Nicolás), de María José Elías y de Adriana Alvira, familiares de las víctimas del terrorismo de Estado. Muchas lágrimas y abrazos rodaron frente al mástil de la plaza, donde flameó orgullosa la bandera de las Madres. "Nos reunimos a celebrar la vida y el futuro", dijo Adriana, antes de los aplausos calurosos. A la noche, por supuesto, volvieron los choris, las rondas de truco y el baile.

El domingo fue el último día de campamento. Hubo asado de despedida y helado de Pascuas. En el salón del Colegio Inmaculada Concepción, de donde egresaron María Cristina y Raquel, el grupo se reunió para ver el documental "El tormento de Santa Rosa", una producción de los estudiantes de la Escuela Media Nº7 de San Nicolás, quienes, buscando testimonios y evidencias, reconstruyeron la historia de las hermanas Alvira y Horacio Martínez, secuestrados de su casa de Barrio Santa Rosa, en la ciudad bonaerense.

Además, se proyectó un corto de la Mesa de la Memoria, recordando el momento de la sentencia del Juicio oral que determinó prisión perpetua para el ex Teniente Coronel Manuel Saint Amant, responsable de la desaparición de Horacio, María Cristina y Raquel. Finalmente, mientras circulaba el mate amargo, la banda del campamento miró y comentó "Verdades verdaderas", una película de Nicolás Gil Lavedra sobre la vida de Estela de carlotto.

A la tardecita partió la banda rosarina, prometiendo participar de alguna próxima acampada. En enero se habían reunido en Nogoyá, para el primer campamento, junto a los familiares de Omar Amestoy y María del Carmen Fettolini, asesinados junto a sus hijos en la masacre de calle Juan B. Justo, también en San Nicolás. Ya en Romang, deslizaron la idea de acampar en Elortondo, el pueblo donde nació María Rosa Baronio, otra de las víctimas de San Nicolás.

Los más resagados partieron el lunes, después de la tormenta, con las calles anegadas. Se iban con ganas de quedarse a seguir compartiendo las charlas y las horas con los nuevos amigos. Se fueron convencidos de haber dejado su huella en Romang, un pueblo donde, de a poco, muchos han iniciado la tarea de conocer a sus caídos y volver a levantar sus banderas.

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