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Pensamientos al margen II: Lo que pasó en el Rosario BlogDay 09


Desde las nueve de la mañana los bloggeros rosarinos y de otras latitudes se acercaron al CEC para participar del Rosario BlogDay, uno de los eventos sobre tecnología, redes y comunicación más importantes del país. Yo sospecho que se arrimaron atraídos por el olorcito del café, la montaña de medialunas y la promesa de wi-fi que manaba del galpón frente al río. Sin embargo, el encuentro se transformó en un espacio de intercambios interesantes sobre experiencias y nuevas tendencias. Como siempre, estos eventos son muy propicios para jugar un poco a las adivinanzas y las predicciones sobre el futuro de la web. Palabras más, palabras menos, aquí va un resumen –que se pretende bueno- de las cosas que se dijeron para la ocasión…

La profética muerte de los blogs. Fue Vanina Berghella (@vanis), responsable del sitio La Propaladora y de la coordinación de la comunidad de usuarios en ClarínBlogs, la encargada de introducir la cuestión en las charlas del #RBD09. A la profecía tantas veces repetida, la blogguera interpuso una hipótesis diferente: no se puede hablar de muerte de los blogs sino de transformación, a partir de las novedades de la interactividad que propusieron las redes sociales. “Los blogs no están desapareciedo, están cambiando”, fue la sentencia que aglutinó las ideas que se barajaron en la primera mesa de ponencias. La discusión se abrió a partir de la polémica frase de José Pablo Feinmann: “En Argentina, cualquier pelotudo tiene un blog”. No obstante, Berghella sostuvo que, si bien no es complicado abrir un blog –y en este punto, efectivamente, cualquier pelotudo puede tenerlo- lo complejo es mantenerlo, porque requiere de un esfuerzo intelectual importante, y más aún cuando el autor se preocupa por la calidad de sus posts y por satisfacer a sus lectores. No cualquiera puede sostener un buen blog publicando con frecuencia e intentando preservar la originalidad y la buena redacción de lo publicado. En este sentido, la disertante expresó su desconfianza hacia los rankigs como indicadores de calidad de los blogs y consideró que ésta se manifestaba antes en los contenidos que en el número de visitas o de post publicados.

Las relaciones entre blogs y redes sociales. Mucho se ha conjeturado, en términos futurológicos, en el campo de la web 2.0 acerca de cómo Facebook y otras redes sociales iban a devorarse al resto de las aplicaciones de Internet, entre ellas a los blogs que habían sido una moda en años anteriores y cuyo crecimiento mostraba un amesetamiento. Sobre esta cuestión, Berghella apuntó la idea de que los blogs son espacios de profundización de los pensamientos que se publican de forma acelerada y desordenada en Twitter y en Facebook. Frente a la vertiginosa velocidad de las redes, los blogs constituirían un remanso, un oasis de descanso y reflexión tanto para el autor como para el lector. Según la autora de La Propaladora, los blogs, en tanto antecesores de Twitter y Facebook, se encargaron de abrir el espacio: “fueron la punta del ovillo de lo que hoy muestras las redes sociales”. Por otro lado, las redes sociales le permiten ahora a los autores de blogs recientemente abiertos promocionarlos y salir de la invisibilidad en la que han quedado en relación a sitios más antiguos que están mejor posicionados en buscadores y rankigs.

La identidad virtual. En la charla que compartió con Jorge Gobbi (@morrissey), creador de Blog de Viajes y responsable del blog corporativo de Despegar, Berghella sostuvo que los blogs siguen existiendo porque son el nodo principal de la identidad virtual. Sirven como espacio para mostrar el trabajo de los autores y para presentarse y conseguir el reconocimiento de lectores y posibles empleadores. Por esta vía, tener un blog de contenido interesante y de calidad constituye una buena carta de presentación laboral para el autor. Incluso son una muestra de transparencia y pueden generar cierto status en las redes. Durante el RBD hubo quienes manifestaron que miran primero si la persona tiene un blog y qué cosas escribe en él antes de decidir si lo acepta como amigo en Facebook o comienza a seguirlo en Twitter. Lo que escribimos está fuertemente ligado a “quienes somos” en Internet y puede transformarse en buenas o malas referencias nuestras. Sobre este punto, Berghella destacó los beneficios de la educación digital para mejorar “la utilización de las redes sociales y el cuidado del perfil personal”.

La posibilidad de monetizar los blogs. Este fue uno de los temas que mayor curiosidad despertó entre los presentes. Muchas preguntas se dispararon en torno a la posibilidad de ganar dinero con los blogs personales y a los dilemas éticos que generan los sponsors. En relación a estas cuestiones, Gobbi sostuvo que los blogs perdieron credibilidad en gran medida porque tienen “muchos chivos” y porque muchos autores ocultan que sus posteos son bancados por determinadas empresas. Unas mesas más adelante otro disertante retomó este tema y recordó la enorme cantidad de sitios que, durante el debate por la Ley de Servicios Audiovisuales, escribieron entradas que reproducían el discurso de los monopolios mediáticos y escondían su relación con éstos. Según los sostuvo @morrissey, “hay una responsabilidad pública cada vez que uno publica algo en su blog”, y es inválido el argumento de publicar cualquier cosa “porque es un blog personal”. La palabra compromete, y los bloggueros deben hacerse cargo de la responsabilidad que implica hacer pública la información.
Más allá de ello, prácticamente todos los disertantes estuvieron de acuerdo en que los autores pueden intentar obtener algún rédito económico de sus blogs, pero se ocuparon de aclarar que “nadie vive de ellos”, que la publicidad genera ingresos mínimos y que “no se come” de lo que se publica en un blog. Tanto Berghella como Gobbi se mostraron, en cambio, muy contentos por la cantidad “de proyectos y laburos” que consiguieron a través de sus blogs, y coincidieron en que allí reside la verdadera oportunidad de monetizar el trabajo de la publicación y la perseverancia.

Las relaciones entre blogs y grandes medios. Según los disertantes, los blogs surgieron como un espacio para publicar contenidos que no tenían lugar en los medios y la primera reacción de los periodistas fue desautorizar su palabra. No obstante, los grandes medios “hace rato que dejaron de despreciar a los bloggers”.
Por otra parte, con el advenimiento de los social media, quedó claro que el perfil del periodistas está cambiando. Ahora es necesario que aprendan “a tener su propia comunidad", sostuvo Gobbi. El impacto de las redes sociales en el periodismo hizo evidente que estos no pueden mantener a las audiencias cautivas en sus sitios, sino que necesitan acercarle la información al lector. Cada vez más, las redes constituyen el lugar donde circulan las noticias de una manera descentralizada. Los medios ya no monopolizan la información, no ocupan el lugar del centro. En relación a esta cuestión, suele hablarse de nuevas estrategias de poder. No obstante, para Gobbi, el concepto de poder de la red es el mismo de siempre. “Las teorías de las redes, del poder que crece de abajo hacia arriba, ya estaba en Gramsci, en Foucault y en el liberalismo", comentó.
El creador de Blog de Viajes contó además que sus amigos periodistas suelen preguntarle por qué escribe gratis en un blog. “Porque tengo una comunidad", fue su respuesta. De acuerdo a las opiniones que se escucharon en el encuentro, crear, fomentar y preservar las comunidades en torno a los medios es la meta a la que deben aspirar los diarios tradicionales para sobrevivir en la web 2.0 y las formas participativas que vendrán.

Empleos para twitteros. Lo que se dijo en algún twitt es muy cierto: “En el Rosario BlogDay se habló más de Twitter que de blogs”. Es más: casi la totalidad de los participantes twittearon toda la conferencia desde sus notebooks, netbooks, Blackberrys o iPhones. Y entre las cosas que se mencionaron sobre Twitter, Darío Gallo (@dariogallo) -editor general de perfil.com- deslizó la idea de pagarle a twitteros profesionales por su labor como editores. Los editores de los medios tradicionales tendrán, entonces, que redefinir su profesión en los diarios. Sostuvo también que todas las conferencias y eventos necesitan twitteadores profesionales, y que ese oficio también puede ser pago (en ese momento explotaron los twitts de gente que se ofrecía para futuros eventos, claro).
Después el periodista relató la experiencia de perfil.com en las redes sociales. Explicó que a los encargados de la cuenta de Twitter del diario online los conoció en la red, y que ahora trabajan en el medio atendiendo a tres consignas esenciales: no invadir, responder y editar. La primera regla responde a la necesidad de no llenar los timelines de los lectores con noticias del diario para evitar que la gente acabe decidiendo no seguirlos más. La interactividad con los lectores es otra premisa que perfil.com considera esencial en su estrategia, por lo que sus twitteros intentan responder a todas las menciones. Por último, la función de los editores implica reconocer qué noticias pueden llegar a interesarle a su comunidad. “Si hay alguna noticia sobre tecnología, eso se twittea seguro”, afirmó Gallo, quien barajó además la idea de que, con el tiempo, “el buscador semántico de la web será Twitter o al parecido".
Entre las preguntas que se le hicieron al periodista, una reclamaba una lista de herramientas digitales imprescindibles para periodistas. “Un lector de RSS, un Blackberry o Iphone y prezi.com” fue la respuesta de Gallo. El último es un software online para producir presentaciones dinámicas tipo Power Point que seguramente, por estos días, todos los asistentes del RBD estarán probando.
Finalmente, el presagio del editor de perfil.com sobre los medios fue que para 2010 éstos intentarán adaptarse a las redes sociales.

La convergencia mediática. Rodrigo Lopez Sclauzero (@rodrigo341), de Info341, y Fernando Irigaray (@firigaray), de la Dirección de Comunicación Multimedial de la UNR, compartieron la mesa sobre “Audiencias participativas". El primero recuperó el ejemplo de Ciega a Citas para explicar cómo podían aprovecharse las redes y prepararse diferentes mensajes para captar la participación de esos públicos en las estrategias de comunicación. Irigaray citó luego el ejemplo de LOST para hablar de narrativas transmediáticas. Luego relató el trabajo digital de la UNR, donde las líneas de acción en comunicación incluyen el uso de Facebook, Twitter, un canal de Youtube y los dispositivos móviles, utilizando widgets y gadgets que esparcen la información en diferentes sitios y permiten la actualización permanentemente.
El docente reconoció también, como una problemática actual, los desfasajes de competencias que existen entre el periodismo tradicional y los nuevos periodistas. Sostuvo que los primeros desconocen la metodología de trabajo de los últimos, y viceversa, y que se trata de un problema que hay que pensar y solucionar a nivel de las escuelas de periodismo.
Por último, afirmó que es importante “apostar por la audiovisualización de la red”, pensando formatos compactos y atractivos, y trabajar creativamente en la convergencia de medios en la web.

A decir verdad, hasta aquí llegué en el Rosario BlogDay del 2009. Me faltaron un par de conferencias a las que no pude asistir, y seguramente quedaron también varios temas en el tintero. Los invito a seguir la conversación y agregar aquí debajo toda la información que faltó en este artículo: todo lo que recuerden del evento y todo lo que les haya quedado por decir/discutir/mascullar.

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De yapa… Las frases más twitteadas del RBD:

“Bloggear, twittear y navegar en la web deberían ser parte natural de la rutina periodística”.
“Si Facebook es un continente, Twitter es sólo un pueblito".
“Los grandes medios hace rato que dejaron de despreciar a los bloggers”.
“Facebook es como una casa de fin de semana: cuando vuelvo tengo que pintarle las ventanas”.


Más relatos sobre el RBD:

RBD09/Reflexiones
Rosario Blog Day 09, mucho para pensar
Algo de lo que pasó en Rosario Blog Day 2009
#RBD 09
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El ojo



Qué pasa ahora
qué es este prodigio este
desplome de prodigios conmoviendo la noche.
Qué es esto preguntamos
qué es esto y hasta dónde.
El mundo cede, vuelve
retrocede
se borra se derrumba se hunde
lejos
deja de ser.
Qué será de nosotros
qué es esto preguntamos recelosos
qué es.
Y sin embargo
sobre el sordo delirio sobre el fuego
de todo lo que quema y que se quema
en lo más implacable de la noche
en lo más ciego de la noche está
planeando sobre el colmo y la ceguera
un ojo frío y despiadado y neutro
que no entra en el juego
que no se engaña nunca
que se ríe.

Idea Vilariño. En lo más implacable de la noche.
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Periodismo digital: la estrategia de Soitu.es según Gumersindo Lafuente


En el marco del Seminario Virtual organizado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, Gumersindo Lafuente –periodista español, ex director de elmundo.es y promotor del sitio periodístico soitu.es, recientemente cerrado- expuso sus ideas y expectativas en torno a la práctica del periodismo digital y los desafíos que enfrentan los medios 2.0. Interactuando con el público que siguió en vivo la conferencia a través de un webinar gratuito, el disertante se ocupó especialmente las estrategias para la producción de contenidos digitales y para la generación de una comunidad de usuarios activos puestas en práctica durante su trabajo en el proyecto SOITU.


Según el propio Lafuente, SOITU fue un portal que se estrenó en la red “para convertirse en un sitio de información útil, independiente, participativo y diferente”. Para ello definió una estrategia particular, basada en la convicción de que, en el periodismo digital, era necesario buscar permanentemente otras rutas, “siempre utilizando de manera intensiva tecnología de diseño propio, creando productos innovadores que fuesen abriendo brecha en un océano de incertidumbres”.

Durante la conferencia, el periodista argumentó que el éxito del sitio se debió a una serie de cuestiones que es interesante tener presente y repasar a la hora de pensar nuestra propia práctica periodística en Internet. Entre otras cuestiones, Lafuente apuntó las siguientes recomendaciones:

Proponer secciones no convencionales desde donde poder aportar cosas nuevas. La originalidad y la creatividad tanto en el tipo de información que se presenta como en la forma de producirla y presentarla resulta un punto crucial si queremos abrirnos paso con nuestros propios medios en el tumulto de la red. El proyecto SOITU apostó fuertemente a este lineamiento estratégico desarrollando, por ejemplo, secciones como “Hartos del coche”, dedicada a noticias vinculadas a formas alternativas de circular por la ciudad, que consiguió generar en torno a ella una comunidad activa de militantes de la bicicleta y de las caminatas. En relación a su experiencia de trabajo en SOITU, el periodista agregó: “A un mismo suceso o acontecimiento le dábamos cuatro o cinco vueltas antes de ponerlo online. Esa permanente inquietud y esa búsqueda por ser diferentes son muy interesantes. Es necesario perseguir en la red las buenas historias”.


Comprender la tecnología y concebirla al servicio del periodismo. Lafuente se mostró convencido de que la tecnología tiene que estar al servicio del periodismo y de los periodistas y no al revés. “En estos 15 años la tecnología está cambiando la industria del periodismo y los periodistas estamos usando la tecnología sin haber participado de su creación”, señaló, y explicó además que SOITU era una compañía de periodismo y de tecnología: “Teníamos un equipo potente de desarrolladores que trabajaban al servicio de nuestras ideas. En este punto, es inevitable hablar del modelo de negocios”. La relación entre necesidades periodísticas y desarrollo de tecnología específica es compleja y está en plena experimentación, pero es evidente que en ella reside buena parte del potencial del periodismo digital.

Entender que para los nuevos retos del periodismo no se pueden aplicar viejas recetas. “Los periodistas tienen obligatoriamente que adoptar nuevas maneras de trabajar. No podemos seguir trabajando como se hacía en los medios tradicionales. Tenemos que contar bien las historias, ser cuidadosos y rigurosos, ser creíbles y cultivar la credibilidad en nuestros medios. También tenemos que estar en la calle, estar cerca de donde ocurren las cosas. Pero en este nuevo escenario tecnológico la realidad no sólo esta en la calle: cada vez más la realidad está también en la red, en los blogs, en Twitter, en esa conversación que se está generando y produce mucha información relevante. Los periodistas tenemos que aprender a filtrarla y estar presentes en esos escenarios. Eso no quiere decir que abandonemos la calle. Es un reto, pero estamos obligados a tomarlo. Tenemos que aprender a gestionar la incertidumbre, y eso es un desafío para nuestras vidas”.

Hacer una gestión del talento. Este consejo se deslizó a propósito de una pregunta por la integración de la redacción del diario papel y las redacciones digitales. Sobre esta cuestión, Lafuente propuso como estrategia “aprovechar los redactores tradicionales y seducir a los talentos que están en la web, incorporarlos a nuestros proyectos”. Luego describió la composición del equipo de redacción de SOITU y explicó que sus redactores “eran muy jóvenes” y se fueron formando a medida que crecía el proyecto. “Hacer un equipo desde cero, ir formándolo a imagen y semejanza del producto que queríamos hacer fue un reto interesante y nos permitió armar un equipo fantástico. Buscábamos gente sin hipotecas mentales. Que estuvieran dispuestos a ser críticos, a ser rebeldes. Buscábamos una redacción joven y agitada”, comentó.

Tener presencia en las redes sociales. Para Lafuente, esa es hoy una condición ineludible para los medios digitales. “Hay que tener una estrategia diferente para cada red social. Tiene que ser una estrategia periodística rigurosa: allí hay nuevos perfiles profesionales que generan altísimo valor para los medios, porque producen capacidad de crear participación en la comunidad y eso es un valor añadido. En SOITU creamos nuestra propia red social, no para competir con las demás, sino como una herramienta periodística y para ganar conocimiento acerca de cómo funcionaba”, relató el conferencista en referencia a UTOI, la red desarrollada para el sitio que permitía a los usuarios interactuar y compartir mensajes, fotos y videos. Según explicó Lafuente, gracias a esta tecnología fueron fomentándose pequeñas comunidades que intercambiaban información sobre temas específicos. “Así, vas haciendo una comunidad que no la administras tú, sino que la administra un usuario que alguna vez te propuso algo. Vas creando pequeñas comunidades y conoces muy profundamente los gustos e intereses de esas pequeñas comunidades que además funcionan con autonomía”, comentó el periodista, y agregó que los usuarios de SOITU, más que lectores, participaban y “eran fans” del sitio. “Toda esa gente que se activa en la red, que tiene intereses en diferentes temas, es gente de un perfil que se moviliza, se interesa, consume información, y también son muy interesantes para el mundo de la publicidad. Nosotros, en SOITU, intentábamos poner en relación esas pequeñas comunidades con los mensajes periodísticos que estábamos produciendo”, señaló.

Distribuir la información. Este punto se relaciona íntimamente con el ítem anterior sobre periodismo y tecnología. En la experiencia de SOITU, el equipo desarrolló especialmente una serie de widgets que le permitieron esparcir los contenidos digitales en la red y no encerrarlos exclusivamente en el sitio propio. “La utilización intensiva de los widgets buscaba ponerlos al servicio de la red, de la gente. Se trata de no obligar al lector a tener que ir a tu sitio para consultar la información”, sostuvo Lafuente. Esa experimentación con nuevas herramientas producidas por el propio equipo del proyecto consiguió que los medios tradicionales estuvieran pendientes de lo que sucedía en SOITU. “Creo que algo aprovecharán, lo que queda de esta experiencia es lo que yo llamo el espíritu SOITU”, destacó el conferencista.

Finalmente, en relación al futuro del periodismo digital, Gumersindo Lafuente afirmó que, si bien no existen certezas, es necesario aprender a trabajar en este nuevo panorama. “Van a hacer falta buenos periodistas bien formados para que sigan ayudando a la gente a comprender la realidad. Los periodistas tenemos que estar en la red de manera activa: buscando y conversando. Internet ha roto para siempre el monopolio de los grandes medios, aunque estos prefieran ignorarlo”, sentenció.

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Imagen extraída de Periodismo Enredado
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Domingo de Bingo: la maldición del 18



¿Acaso hay algún “entretenimiento” menos entretenido que un Bingo? Desconfío. Y estoy convencida de ello. Sin embargo, cada vez que alguno de mis progenitores incurre en el recurrente error de comprar un cartón a beneficio de la Asociación Cooperadora de no-se-qué-institución, siempre se acaba mandándome a jugarlo. Debe haber sido a la mitad del desarrollo del que me tocó jugar el domingo que me afloró en la conciencia la sentencia de siempre: “esto merece una crónica”. Raudamente saqué mi celular para capturar algunas imágenes del evento, pero puesto que éste ocurría demasiado lejos de las grandes urbes y la tecnología me abandona muy frecuentemente por esos pagos, poco pude hacer con la postal binguera encerrada en la pantalla.

Antes de comenzar, sitúese el lector –imaginariamente, claro- en un pueblo perdido del norte de la provincia, otrora conocido como “capital de la incomunicación”, durante un fin de semana en que no suceden demasiadas cosas: mucho adolescente en la plaza, mucho mosquito, mucho programa de cumbia en las FMs, mucho fútbol para todos. Y a éste, en particular, sumémosle un locutor imbécil que decía al aire, como quien no quiere la cosa, que “él no había nacido” en esa época pero que “seguro con los militares estábamos mejor” y, por supuesto, tomaba posición a favor de su colega conductor en la “pelea Tinelli/D’Elía”. Así empezó el asunto. No obstante, como si fuera poco, la sequía de meses se decidió a abandonar nuestro ignoto Macondo con el derrumbe del cielo que resultó en más de 200 milímetros de lluvia caída y varios ranchos costeros inundados.

Amén del exabrupto descriptivo, es preciso que retornemos al “binguito del Colegio” que los organizadores prefirieron llamar “Entretenimiento Familiar” para despistar, y que había sido suspendido el viernes “por temporal”, por lo que la gente no tuvo más remedio que disponerse a jugarlo un domingo a las seis de la tarde. A esa hora llegué cargando mi silleta, mis cartones en mano, mi arsenal de lapiceras y biromes por-si-alguna-se-queda-sin-tinta y mi esperanza de salvar, al menos, el dinero invertido en las boletas. Los más puntuales se acomodaron rápidamente en el semicírculo espacial donde “no pegaba el sol”, y a mí me tocó ubicar mi silloncito de camping en el lugar preciso en que el atardecer me dejaba ciega.

En esas ocasiones, protocolarmente hablando, lo primero que debe hacer uno es saludar con amabilidad al vecindario. Entre mi conurbano divisé, por supuesto, a una tía-abuela que, como siempre, se alegró por “lo linda y grande que estaba” y repitió un par de veces que no me veía “desde que era así de chiquitita”. Era una de esas tías que el tiempo dejó congeladas a los 73, que suelen tener mucha mejor suerte que yo en los “entretenimientos familiares” y que no se pierden jamás un acontecimiento así en el pueblo. Se cuentan, pues, en el grupo social de los que van a jugar el bingo porque disfrutan de la actividad y no porque madre o padre les ha enchufado el cartón sin dar lugar a resistencia alguna.

Por supuesto que antes de empezar a jugar el primer sorteo de los cartones oficiales, la Asociación Cooperadora de la institución pasó a vendernos un binguito “de dos pesos” para jugar “a la línea y a cartón lleno” por un gran premio de 120 pesos que acabó siendo compartido. Mis marcas en esa primera boletita –que adquirí como buena hija de la sociedad de consumo- fueron el presagio de lo que iba a ocurrir durante toda la noche: me quedaron siete números sin tachar. Está claro que desistí, sin embargo, de atender a los signos del destino, y renové mis expectativas y mi fe en la siguiente ronda.

Hasta cerca de las siete de la tarde el público se dividía claramente entre los sub-10 que corrían a los gritos por el predio y los post-40 que hacían esfuerzos por escuchar los números y cruzaban los dedos. Más tarde cayeron los de la franja intermedia, con los restos de rimel corrido, el tereré y la típica expresión de resaca de domingo. Ninguno cargaba silletas: improvisaron rondas en el suelo y se ocuparon más de los chismes que cada quien rescató de la noche de boliche que de llenar cartones.

Hacia el sexto sorteo de la noche confirmé que el número 18 no estaba en el bolillero. Estimé que quizás estuviera maldito, puesto que tampoco había salido nunca el 36 que, si las matemáticas no me fallan, es exactamente su doble. En cambio siempre salieron los que –a juzgar por mi experiencia en bingos- jamás fallan: el 13, el 22, el 47, el nefasto 76 y el 90. (¡No dirán luego que tantos años de escuchar cantar números no me aportaron profundos aprendizajes!).

Entre sorteo y sorteo el dj amenizaba la ocasión alternando entre el reggaeton de Don Omar y el meloso de Montaner: suficientes razones para querer cortarme las venas con el cartón. Ya iba yo por el decimoquinto termo de mate cuando llegaron las tortas fritas, demoradas por una cola de más de 20 personas en el buffet. Estaban lo suficientemente grasosas y calientes para alegrarme la vida. A esa altura comprendí que no había motivos para preocuparme por la boleta de números que esperaba en mi falda porque solían pasar más de diez jugadas sin que yo anotara un insignificante poroto.

Lo reconozco: hubo una oportunidad –una única escasa oportunidad- en que quedé a tres números de la victoria. Ahí sí se me aceleró el corazoncito. Pensaba en la vergüenza que me iba a dar tener que dar el grito de bingoooooo y en la desesperación de que –dada mi vocecita- nadie se percatara de mi cartón lleno. Sin embargo esos tres números –incluidos, por supuesto, el 18 y el 36- jamás se cantaron y, a eso de las 10, me volví a casa con más hambre que el Chavo y una nueva frustración binguera. Me fui pensando que es altamente probable que pronto me toque otra vez pasear mi azaroso encanto por entre las silletas y los equipos de mate del entretenimiento familiar de otra institución amiga. Es que los domingos de bingo tienen ese que-se-yó…
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Intensidad y altura



Quiero escribir, pero me sale espuma,
quiero decir muchísimo y me atollo;
no hay cifra hablada que no sea suma,
no hay pirámide escrita, sin cogollo.

Quiero escribir, pero me siento puma;
quiero laurearme, pero me encebollo.
No hay tos hablada, que no llegue a bruma,
no hay dios ni hijo de dios, sin desarrollo.

Vámonos, pues, por eso, a comer yerba,
carne de llanto, fruta de gemido,
nuestra alma melancólica en conserva.

¡Vámonos! ¡Vámonos! Estoy herido.
Vámonos a beber lo ya bebido,
vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva.

César Vallejo. Poemas Humanos.
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Pensamientos al margen: Las listas de Twitter y mi manoseado 'yo'


No hace mucho una amiga me contaba que en una clase de Lingüística alguien relató una historia muy breve: un nene que le preguntó a su mamá por qué la taza se llamaba taza. La madre le explicó que una vez “las personas se pusieron de acuerdo y le dieron nombre a las cosas”. Y entonces el nene, sorprendido, exclamó: Mirá qué bien, mami, ¡le pusieron a la taza el nombre que era!

En esa oportunidad mi amiga –a quien generalmente le robo todas las ideas- me decía que ella estaba convencida de que todos, en algún momento de nuestra vida, nos formulamos la pregunta por el lenguaje, más allá de que alguna vez la hayamos abordado teóricamente en algún texto/escuela/facultad. Cuestionamientos como por qué la mesa se llama mesa y no silla aparecen en la historia de nuestro pensamiento/ subjetividad.

Yo me quedé pensando en el día en que la humanidad se reunió para llamar a la taza taza y le dije “me parece que algo así está ocurriendo con las listas de Twitter”. Por supuesto que ella negó rotundamente mi conjetura. Casi diría que me gritó y le dio un par de piñas a la pared por cuestión de recato, porque –de no ser por la ética salvadora-debía de haber sido yo la receptora de esos golpes.

“No, eso ocurre permanentemente, no sólo en Twitter”, me dijo, ofuscada porque creía que últimamente mi vida pasaba demasiado tiempo en la pantalla. De acuerdo: nombramos permanentemente, clasificamos lingüísticamente, en privado, tenemos nuestras propias hemerotecas de cosas y gente. No obstante, yo quería señalarle que ahora la novedad era lo público: que yo para muchas personas seré desconocida/amiga/hija/hermana/novia/ loca/tímida/inteligente/imbécil/estudiante/comunicadora/torpe/impertinente, y otros tantos etcéteras, pero que esa gente comparte sus categorizaciones personales, a lo sumo, con su grupo de pertenencia más próximo. De pronto se trataba de lo público público, a nivel de la humanidad toda. Yo quería decirle que si alguien me incluía en una lista de Twitter de nombre “materos-a-full” (como la de @monoarania) me estaba asignando una etiqueta a nivel global. Y que entonces, otra persona, en cualquier lugar del mundo, podía comprenderme (¿decodificarme?) exclusivamente a partir de ese signo. A la pregunta ¿quién es @anahilo? esa persona respondería, raudamente, “en principio es matera”.

Entonces vuelve a aparecer aquí el problema ontológico por las huellas. Básicamente, por las huellas no planificadas. Porque convengamos que cada uno de nosotros construye una imagen de sí que desea mostrar. Y otras tantas imágenes que preferiría ocultar o, mejor dicho, que preferiría que (ese ser tan espantoso al que denominamos) el otro no construyera.

Hace por lo menos un año, en un momento en que me andaba preguntando más o menos la misma cosa -qué pasará con mis registros dispersos en Internet- yo decía:

Mi huella deriva como un trocito local de mí que quizás alguien encuentre alguna vez en la maraña selvática de la información. Un fragmento de mi discurso. Un fragmento de mi discurso que será para alguien una Anahí completa. Un fragmento de discurso que ni siquiera yo recuerdo qué decía. Sin embargo ahí está, como prueba de que habité este mundo.


En ese entonces me preocupaban la cantidad de huellas que había sembrado sin planificar y cómo podía interpretarlas el otro. (Sirva, de paso, este texto para demostrar que nuestras inquietudes dan vueltas como perro tras su cola) Ahora creo que ya no tengo de qué preocuparme, porque Twitter le ha dado al mundo la oportunidad de asignarme un rótulo que me describa y me contenga en un par de palabras, un rótulo del que yo –hasta ahora- no puedo desistir. ¿Y cómo configuraron esos otros el rótulo más pertinente para mí? A partir de las cosas que escribí dentro del límite de los 140 caracteres. Soy lo que escribo o, más bien, el conjunto de interpretaciones que otros hacen sobre lo que escribo. “Dime en qué lista estás”, dice @jlori. ¿La performatividad del lenguaje en su máxima potencia? ¿El problema pragmático en su versión porno? ¿La web semántica, que le dicen? Momento del ataque de pánico: ¡que no me toquen el yooooo!

Por suerte hasta ahora no estoy a disgusto con mis etiquetas. Son poquitas, pero buenas. Hasta podría exclamar, con el primer personaje de esta historia, que me han puesto “taza” acertadamente. La interpretación se petrificó en un par de listas públicas. Y bueno, son cosas que pasan, después de todo fui yo la que decidió exponerse al crearse una cuenta en el pajarito y no ponerle candado (o “cinturón de castidad twittero”, dice otra amiga).

Una filósofa rosarina contemporánea me definió el asunto magistralmente en un viaje. Ella no usa Twitter ni nada que se le parezca, y no estaba pensando específicamente en eso cuando charlamos. Más bien hablaba de la vida como si fuera algo de lo que se pudiera hablar. En ese momento me dijo, exactamente: “uno tiene que adjetivarse a sí mismo porque, si no, rápidamente otro lo adjetiva”. Una precursora la piba.

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De yapa: Otro texto que anda pensando el asunto...

- El revuelo de las listas en twitter, la reputación digital y aquello del ego.
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Sobre la crónica


"En Argentina, la crónica se ha convertido en la mulita de nuestro periodismo: una especie medio extinguida en un medio dominado por editores que diseñan medios gráficos para lectores que no leen. Un lector que no lee es, por definición, un no-ente —y, por lo tanto, no responde—, pero los editores se sorprenden cuando sus periódicos teclean. No abundan los músicos que componen para sordos, plásticos que pintan para ciegos, pero sobran medios gráficos que limitan la escritura al mínimo posible: que deciden competir con la radio y la televisión pareciéndose a la radio y a la televisión, en lugar de apostar a la singularidad de su propio material: a lo que sólo la escritura puede.

La crónica es una síntesis de lo que el periodismo puede hacer con la palabra escrita —y viceversa. La crónica convierte al periodismo en algo más que información que morirá mañana —o eso intenta, al menos, dispuesta a morir en el intento (…) Es, entre otras cosas, una petición de principios: que la crónica, a veces, la puede contra el tiempo".

Martín Caparrós
. Larga Distancia. Enero de 2004.
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