Pedagogías

Foto: escambray.cu
Me lo contó un taxista de unos 70 años, mientras conducía por la carretera central de Cuba, entre Santa Clara y La Habana. Dijo así:

Yo estaba en Segunda Enseñanza (en Argentina: la escuela secundaria) cuando Fidel desembarcó en la isla, en 1958. 

Los estudiantes nos plegamos a las huelgas sucesivas que hacían los obreros villaclareños en apoyo a la revolución que se gestaba. 

Yo era el encargado de correr a pararme en la puerta del colegio para detener las actividades cada vez que alguien pasaba por la calle gritando "huelga, huelga". 

Por suerte, el Director de la escuela también gustaba de la revolución. Así que nos alentaba en la iniciativa de tomar la escuela y nos salvaba cada vez que un profesor batistiano nos quería castigar. 

"Viva Fidel, abajo Batista", escribíamos con cortapluma en los pupitres. 

Hasta que un día el Director nos reprendió. 

Nos llamó a Dirección y dijo: 

- Miren muchachos, cuando la Revolución haya triunfado, vamos a necesitar esos pupitres. Así que, si realmente quieren colaborar con la Revolución, déjense de rayar muebles. Mejor vayan a la montaña. Suban al Escambray y álcense junto al Che.

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